• Alejandra Nuño Luco

Espiritualidad para cada día

Actualizado: 8 de ago de 2019

Cuando hablamos de espiritualidad, tenemos la tendencia de asociarlo con la vida de ascetas, o con aspectos esotéricos del “New Age” que no parecería que encajan fácilmente en la vida diaria de la mayoría de nosotros.

Sin embargo hay formas absolutamente prácticas y cotidianas de desarrollar nuestra espiritualidad, y que rápidamente nos comenzarán a rendir frutos.

La esencia de la espiritualidad consiste en aceptarnos como seres eternos, creándonos las mejores experiencias de vida que nuestra condición nos permita, y aceptando esas condiciones como oportunidades para nuestro desarrollo.

Cambiamos la predisposición hacia un “problema” por la aceptación de una oportunidad de superarnos, y nos llega una nueva energía y quizás ideas de qué y como hacer. Algunos lo llaman “concentrarse en la solución y no el problema”.

Así no entramos en el proceso de quejarnos, con lo cual cambiamos positivamente nuestra relación con los demás, y esto redunda en tener mayor armonía y quizás colaboración.

Así como en el mundo físico existe el principio de “acción y reacción”, o “causa y efecto”, nuestra vida toda está regida por el principio de causalidad. Toda nuestra realidad es causada por nuestros propios actos, y entonces mantengámonos conscientes de qué pensamos y hacemos, pensando en los efectos que desencadenaremos, en lugar de reaccionar impulsivamente.

Vivir “conscientemente” ó “despierto” nos da más y mejores oportunidades no sólo de evitarnos situaciones complicadas por haber reaccionado impulsivamente, sino también nos abre la mente a vivir más plenamente.

Si en lugar de caminar sumido en pensamientos (seguramente relacionados con alguno de nuestros problemas/oportunidades) estamos atentos a lo que nos rodea podremos apreciar las cosas interesantes o aun atractivas que nos rodean. La risa de un niño, el trinar de un ave, etc... Es lo que llamamos vivir en “el aquí y el ahora”, en el momento presente, de lo que nos habla Eckhart Tolle y a su vez lo que se practica en Mindfulness, que además tiene como resultado reducir el estrés.

Si le sonreímos a un extraño, muy probablemente nos responderán de la misma forma, y habremos creado un instante de agrado y cordialidad.

Con innumerables posibilidades de pequeños gestos nos podremos rodear de una energía “positiva”, que comenzará a atraer condiciones semejantes, según la "ley de atracción".

Si a ésta forma de comportarnos, le agregamos aunque sean breves instantes diarios de silencio y meditación, conectándonos con nosotros mismos, y con un sentido de agradecimiento por lo que somos, nos iremos sintiendo en paz, y justamente creando esas condiciones en nuestra realidad.

Todo esto es esencial y parte importante de nuestro desarrollo espiritual.



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